Hablar de Kinito, la mascota de Kina San Clemente, es hablar de Estudios Moro, pioneros en España en cuanto a spots de dibujos animados durante los años 50 y 60. Trabajadores infatigables, José Luis y Santiago Moro alumbraron creaciones que pasarían a la historia de nuestra Publicidad. Y, por tanto, de nuestro patrimonio artístico y cultural, como Don Pedrito (del brandy Fundador), la familia Telerín (que en TVE, a los niños de la época, nos indicaban cada noche la hora de irnos a la cama) y ya en años posteriores, la Ruperta y la Botilde (del programa “Un, dos, tres…”), la mascota de turrones El Lobo y los populares pececitos de “Pezqueñines, ¡no, gracias!”.
Estudios Moro ganaron durante cinco años consecutivos tres Palmas de Oro de Cannes. También dos copas en Venecia y más de cien premios internacionales de publicidad en los más prestigiosos festivales. En los años 60, en sus estudios trabajaban 300 profesionales en plantilla y realizaban cientos de anuncios mensuales para cine y televisión.
Fue a mediados del siglo pasado cuando las bodegas López Hermanos (hoy Málaga Virgen) crean un vino dulce con extracto de quinina y lo llaman Kina San Clemente. Sus primeras apariciones publicitarias lo posicionan como “tónico reconstituyente estomacal para grandes y chicos”. Y, por ello, rápidamente se hizo indispensable en hogares con mujeres en estado (que en aquellas épocas eran casi todos) y en donde había niños faltos de apetito (ídem de ídem). Vamos, una auténtica bebida nacional, junto con su más directa competidora, y también perteneciente al santoral, Catalina.
Con las leyes actuales en la mano, el 90% de los padres de aquella época estarían en la cárcel por corrupción de menores, inducción al alcoholismo o vaya usted a saber qué otro delito. Pero el caso es que a los niños aquel vino dulce les encantaba y les “daba unas ganas de comerrrrr….” (como rezaba el slogan que pronto se hizo famoso). Recordemos que la graduación del producto era, ni más ni menos, de 13º.
Si en algo destacó la marca fue también en ser una de las primeras en
nuestro país en concebir el marketing como piedra angular de su labor comercial. Mediante la acción combinada de inserciones en radio, pases en TV y utilización del merchandising.
Con el fin de fidelizar a la chavalada, se creó la mascota Kinito (obra de Estudios Moro, como decíamos al principio). Su presencia se haría extensiva a todos los medios y soportes, incluyendo PLV, la etiqueta trasera de la botella. También páginas de publicidad con estructura de historieta gráfica en tebeos infantiles. E incluso se decidió darle forma tridimensional y convertirlo en reclamo promocional, o artículo de hoy.
La mecánica de la promoción era de las clásicas en aquella época. Se juntaban 6 tapones de Kina San Clemente. Se enviaban por correo. Y se recibía en casa el muñeco de Kinito. Había distintos modelos, incluso uno vestido de tuno, y en la base tenía el clásico e irritante pito que sonaba al apretar el muñeco. La promoción estuvo activa durante años y años (bastantes más que el muñeco de Risi, de quien ya os hablamos).
El Kinito que adorna nuestro dormitorio (y veis en las fotos) fue conseguido allá por 1998 ó 99. Debió de ser de las últimas oleadas de la promoción. Pues posterio
rmente no hemos vuelto a tener noticias al respecto. La marca existe, sí, pero apenas tiene presencia publicitaria ni promocional.
¡Qué simpático Kinito!
¡Qué simpático y majete que es Kinito! Nos recibe con su amplia sonrisa todos los días. Su efectividad como generador de branding está fuera de duda, ya que seguimos consumiendo el producto. Es un tranquilo y callado compañero de nuestra vida que “sobrevive” nuevo como el primer día.
El Yorkshire todavía no le ha podido “echar el guante” (ganas no le faltan). Como reflexión final, seguro que algunos padres que nos lean se echarán las manos a la cabeza. ¡Dar vino de 13º a unos inocentes niños! ¡Qué barbaridad! (y mientras, sus hijos de botellón & coma etílico…).
Me ha encantado la explicación y el punto de vista. Soy una de las niñas de aquella época, aún hoy día recuerdo al Kinito con cariño, guardián del salón familiar